Mujeres en la Revolución Francesa

Delacroix. Libertad guiando al pueblo

Delacroix. Libertad guiando al pueblo

La Revolución Francesa. Participación femenina. 

Las mujeres salieron a la calle como agitadoras y amotinadoras, arengaron a los hombres quienes, gracias a las armas, dirigieron la situación. Se produjo una distribución de la actividad en base a los roles sexuales.

Theroigne de Mericourt

Théroigne de Méricourt

Las mujeres participan en un primer momento en los movimientos insurreccionales. Sin embargo, desde que el movimiento se organiza se ven rechazadas de esta organización, excluidas del cuerpo del pueblo armado, del pueblo deliberante, de los comités locales y de las asociaciones políticas.

Las mujeres, que no eran consideradas ciudadanas, encontrarán en el reconocimiento de su Ciudadanía una reivindicación fundamental. Sin embargo, los hombres-ciudadanos convertidos en legisladores, argumentarán que no hay que invertir el Orden Natural de las cosas, por lo que no hay que permitir a las mujeres alcanzar el espacio público, ni derechos iguales a los hombres. 

Mujeres Amotinadoras

En los acontecimientos que se suceden en las calles de París vamos a encontrar a las agitadoras a la cabeza de ciertas insurrecciones. Théroigne de Méricourt se presenta el 14 de julio de 1789 en la toma de la Bastilla, empuñando una espada, al frente de un grupo de mujeres. El 5 de octubre de 1789 son ellas las primeras en agruparse y en marchar sobre Versalles, seguidas por la Guardia Nacional. Las sublevaciones de la primavera de 1795 también comienzan con sus manifestaciones.

Mujeres en la Revolucion Francesa

Mujeres en la Revolución Francesa

En 1795, lo mismo que en 1789, e incluso en mayo de 1793, en las semanas que preceden a las insurrecciones, ocupan la calle, forman grupos y llaman a los hombres a la acción tratándoles de cobardes. De hecho, el 23 de mayo de 1795, los diputados les prohibirán reunirse en grupos de más de 5 so pena de arresto.

Declaraciones de la policía durante la insurrección de mayo de 1795 reconoce la presencia de las mujeres:

“Son las mujeres las principales agitadoras, las cuales, contagiando su frenesí al espíritu de los hombres, los inflaman con sus opiniones sediciosas y provocan en ellos una violencia sin límites”.

Mujeres en la Revolucion Francesa

Mujeres en la Revolución Francesa

Pero si bien las mujeres están allí para vigilar y reanimar el ardor de los hombres, son estos quienes gracias a sus armas dirigen el acontecimiento. Aun así, siempre hubo mujeres que incitaban a los hombres a la revuelta. La retórica del motín de las revolucionarias francesas hunde sus raíces en una larga tradición: redoblar el tambor, ridiculizar a la autoridad mediante ritos carnavalescos, legitimar su acción por su rol materno. Nada de nuevo hay en ello. Pero a pesar de vestir los mismos harapos, la amotinada no es exactamente la misma mujer que la anterior a la revolución: ahora blanden la Declaración de los Derechos del Hombre.

Las mujeres penetraron el espacio político que la Revolución había abierto. Es un espacio nuevo, construido por y para los hombres, estructuralmente reservado sólo a ellos. Y a pesar de que en Francia las mujeres supieron hacerse ver y oír como ciudadanas chocaron siempre con los límites de su no ciudadanía.

Una revolución no es una simple revuelta, supone una estructura organizativa. Sin embargo, en todas partes las mujeres se ven rechazadas de esta organización, excluidas del cuerpo del pueblo armado, del pueblo deliberante y de los comités locales y asociaciones políticas.

Mujeres en la Revolucion Francesa

Mujeres en la Revolución Francesa

En Francia, la insurrección del 10-13 de mayo de 1795 (del 1 al 4 prarial del año III) es una elocuente ilustración del peso de las organizaciones políticas en la construcción de las relaciones de los sexos. Mientras que los testigos caracterizan a menudo el 10 de mayo por la primacía de la intervención femenina, éstas no figuran para nada en los relatos de las siguientes jornadas, cuyos principales actores serán las asambleas nacionales y la guardia nacional.  Las mujeres se ven obligadas a abandonar la primera línea de la escena y sólo volverán a ella para desencadenar acciones puntuales. 

Mujeres Ocupando las Tribunas.

Al no poder participar en las deliberaciones de las asambleas políticas las mujeres se vuelcan en gran número en las tribunas abiertas al público. Su presencia en las tribunas constituye para ellas un medio de mezclarse en la esfera política de un modo a la vez concreto y simbólico. Estas tribunas tienen una función política esencial en la mentalidad popular: el control de los electos. Al tomar sitio en una tribuna pública se quiere significar que se ejerce una parte de la soberanía, incluso cuando no se posean los atributos de la misma. En Francia la “sans-culotterie” femenina invade el espacio político público y dan sentido nacional a sus actividades.

Mujeres en la Revolucion Francesa

Mujeres en la Revolución Francesa

Así, en Francia, la mayoría de las mujeres con ansias de expresarse sobre la Revolución lo hacen públicamente. Textos impresos o manuscritos, discursos orales, todos se dirigen a un público más o menos amplio.

A partir de 1789, en opúsculos o en peticiones, las mujeres gritan sus esperanzas a la cara de la sociedad revolucionaria, proponen reformas, reivindicaciones, etc. Redactados por una o por varias mujeres, estos textos hablan a veces en nombre del sexo femenino. Se afirman como políticos y los son, tanto por su contenido como por sus destinatarios.

Durante la Revolución la petición está a la orden del día. Utilizada tanto por las mujeres como por los hombres, con frecuencia es colectiva y a veces presenta la reclamación en un tono que amenaza con medidas de orden general.

Pauline Leon

Pauline Léon

Pauline Léon lee a la tribuna de la Asamblea una petición firmada por más de trescientas parisinas, en la que se reclama el “derecho natural” a organizarse como guardia nacional. Participar en la organización armada del pueblo soberano es uno de los fundamentos de la ciudadanía. Sin embargo la respuesta de la Asamblea será “cuidémonos de invertir el orden de la naturaleza”.

Las militantes entran de lleno en un espacio político, el de la reivindicación de los derechos del ciudadano. Su voluntad de estar armadas no se limita a un sentimiento patriótico, como es el caso para el centenar de mujeres soldados individualmente alistadas en el ejército, sino que supera ese sentimiento para inscribirse en una problemática del poder, de la ciudadanía y de la legalidad de los derechos entre los sexos.

Mujer en la revolucion francesa

Mujer en la revolución francesa

La Constitución que la Convención aprobó el 24 de junio de 1793 se sometió luego a sufragio universal masculino. Hubo mujeres que rechazaron esta construcción de una Nación sexuada. Sin embargo otras ratificaron públicamente la Constitución a pesar de que la Ley las privaba del derecho al voto, porque su deseo era ejercer la soberanía popular en contra de la masculinización del cuerpo electoral.

Otro ejemplo del peso de las representaciones colectiva en las relaciones entre los sexos es la “guerra de las escarapelas”. En septiembre de 1793 la sans-culotterie femenina lanza una campaña para obtener una ley que obligue a todas las mujeres a llevar la escarapela tricolor. Se lee y se aprueba en las asambleas seccionales y en los clubes; el de los cordeleros reconoce que las ciudadanas que comparten sus trabajos deben compartir esta ventaja, una petición redactada por las ciudadanas de una sociedad mixta. Se aprueba pero con muchas reticencias por parte de gran parte de la Asamblea alegando que después exigirán otros derechos.

“Con la igualdad de derechos, las mujeres se convertirían en hombres de pelo corto, pantalones y pipa, que fumarían abiertamente.”

Por otra parte, ¿puede el poder compartirse entre los sexos? Para algunos, esto es completamente impensable, inimaginable. Sólo puede concebir con espanto un intercambio de roles: “invertir el orden de la naturaleza”, “cambiar el sexo”. Se tiene una visión apocalíptica de las mujeres. 

Los Clubes de Mujeres.

Club de Mujeres en la Revolucion Francesa

Club de Mujeres en la Revolución Francesa

A pesar de esto las mujeres no son miembros plenos de las organizaciones revolucionarias. Por lo menos en unas treinta ciudades algunas se reagrupan en clubes. Quienes se adhieren a estos clubes celebran reuniones regulares, en las que leen leyes y periódicos, discuten problemas políticos locales o nacionales, se ocupan de tareas filantrópicas, defienden el clero constitucional ante sus conciudadanas.

Después de 1792, estas sociedades se radicalizan y participan activamente en la vida pública de su región, casi siempre junto a los jacobinos. En París se suceden dos clubes de mujeres:

Etta Palm

Etta Palm

  • La Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las Amigas de la Verdad (1791-1792), fundada por Etta Palm d´Aelders, se ocupó de la educación de las niñas pobres, reclamó el divorcio y defendió los derechos políticos.
  • El Club de Ciudadanas Republicanas Revolucionarias (mayo a octubre de 1793), compuesto por militantes populares (comerciantes, costureras, obreras) y próximo a la Sans-Culotterie. Intervino en los conflictos y en el debate político del verano de 1793 antes de ser prohibido por la Convección, junto con todos los clubes de mujeres, el 30 de octubre de 1793. Fue fundado por Pauline Léon y Claire Lacombre, convirtiéndose la primera en su presidenta.
  • Théroigne de Méricourt crea el Club de los amigos de la ley que se fusiona con el célebre club de los Cordeliers
Claire Lacombe

Claire Lacombe

El decreto de la Convención del 30 de octubre de 1793, que prohíbe los clubes de mujeres, declara: “no es posible que las mujeres ejerzan los derechos políticos” Esta condena no tenía apelación posible, aunque no les impidió seguir cumpliendo su papel político en la calle, en las tribunas, en los conciliábulos organizados contra el poder en 1795, en las insurrecciones, etc.

 Las mujeres del tercer estado.

En tiempos de revolución la práctica militante es muchas veces heredera de la práctica social. En el siglo XVIII el paisaje de los barrios populares estaba marcado por una muy fuerte sociabilidad femenina: las mujeres se reunían para charlar, para intercambiar novedades, dibujando los contornos de un mundo de mujeres relativamente autónomo del de los hombres. Durante la Revolución, estos encuentros adquieren color político: las lavanderas que, una vez terminada su jornada de trabajo, se reúnen en la taberna, descifran allí en conjunto los discursos de los oradores revolucionarios. Más que con su marido muchas veces comparten la vida política con su vecina, con la que van cogidas del brazo a entretenerse en las tribunas de la asamblea.

Mujeres en la Revolucion Francesa

Mujeres en la Revolución Francesa

La distribución de tareas en la familia influye también en la práctica revolucionaria de cada sexo. Así, mientras que el militante tipo es un padre de familia entre los cuarenta y los cincuenta años, la militante es una mujer que todavía no ha cumplido los treinta o que, por el contrario, ya ha pasado los cincuenta: una mujer que no tiene muchos hijos que criar.

La militancia femenina que tiene lugar en la vida urbana es ante todo popular y parisina. Si se abandona la capital revolucionaria ya no se encontrarán estos conjuntos de mujeres que discuten de política. Las aldeanas emprenden vías menos espectaculares para hacer conocer su adhesión revolucionaria: remisión de donaciones, compra de un fusil para la guardia nacional, prestación de juramento como los hombres. A menos que se constituyan en grupos virulentos para proteger a su cura o pedir la reapertura de las iglesias. 

Respecto a la práctica de las mujeres de los medios dirigentes, se inscribe en una frontera entre lo privado y lo público: su salón. Se trata de un espacio privado en la medida en que forma parte de la casa al que no todo el mundo tiene acceso; y se trata de un espacio público en la medida en que es el sitio de encuentro entre hombres públicos. Los diputados se codean allí donde preparan informalmente las sesiones de la Asamblea. 

Las Ciudadanas no-Ciudadanas.

El ideal de mujer que les reserva la sociedad francesa revolucionaria es el de la Madre Republicana. Esta debe educar a sus hijos para convertirlos en buenos republicanos, inculcándoles el amor a la libertad y a la igualdad.

  • Se les permite asistir a las asambleas políticas para aprender los principios revolucionarios, pero sin participar en las discusiones.
  • Se las convierte en ciudadanas pero sin derechos políticos.
  • Se define a las mujeres como miembros de la comunidad humana, social y política.
  • Se crea la ficción de la Mujer Libre miembro de un pueblo libre, movida por el interés general y que con su acción participa en la conquista de la libertad común.
  • Las revolucionarias francesas entienden el poder en términos de apropiación colectiva. Las mujeres no se conciben como individualidades separadas, sino como miembros de una comunidad en la que lo general debe dominar sobre lo particular.
  • Se las negaba la ciudadanía sin embargo se les llamaba ciudadanas.
  • Para las feministas del siglo XIX estos actos revolucionarios serán su acto fundacional.

Los logros de la Revolución.

Dio a las mujeres la idea de que no eran niñas, menores de edad e incapacitadas.

Les reconoció una personalidad civil que el antiguo régimen les negaba.

Las convirtió en seres humanos completos, capaces de gozar de sus derechos y de ejercerlos.

Las convirtió en individuos.

Se reconoció a todo individuo el derecho a la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión, en consecuencia toda mujer, al igual que todo hombre, es libre en sus opiniones y en sus elecciones, y tiene asegurada la integridad de su persona y de sus bienes.

La Constitución de 1791 definía de idéntica manera a hombres y mujeres. Les reconocía el acceso a la mayoría de edad civil.

Derechos civiles:

  • Reconocía a la mujer la suficiente razón e independencia como para ser admitidas en calidad de testigos en actos civiles y para contraer libremente obligaciones.
  • Reconocía el acceso al reparto de los bienes gananciales.
  • La madre gozaba de las mismas prerrogativas que el padre en el ejercicio de la patria potestad.
  • El matrimonio civil y el divorcio. Trataba en píe de igualdad a ambos cónyuges y establecía las más estricta simetría entre ellos.
  • El matrimonio se redefine, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para la felicidad individual.
  • El matrimonio como contrato civil, en el que ambos contrayentes eran igualmente responsables y capaces de verificar por sí mismos si se cumplían correctamente con las obligaciones que su acuerdo creaba.
  • El divorcio. La Ley disponía que el matrimonio se disolvía mediante el divorcio, ya fuera por simple incompatibilidad de caracteres, ya por mutuo consentimiento, ya por motivos determinados bajo forma contenciosa.La conquista de las libertades civiles no incluye la de los derechos cívicos. En contrapartida, estas mujeres convertidas en ciudadanas, en miembros mayores de edad de la sociedad civil y del estado de derecho, se ven lógicamente llevadas a pensar que también ellas tienen un lugar en la ciudad, en la sociedad política, y en esta creencia reivindicarán sus derechos civiles y cívicos, exigirán ser Ciudadanas de Pleno Derecho.
  • Sin embargo, todos los aspectos que regulaban la igualdad se circunscribían al ámbito de lo privado. La sociedad no interviene en las relaciones de pareja.

Tras la Revolución.

La separación entre el espacio público y privado se consolidará siendo también una de las consecuencias de la revolución. Se distingue escrupulosamente entre vida privada y pública, se separa la sociedad civil de la sociedad política.

Se pone a las mujeres a distancia de los políticos y de la sociedad política y se las mantiene en dependencias interiores de la sociedad civil.

 Los argumentos que utilizaron para devolverlas al hogar fueron:

  • La sumisión de las esposas e hijas no deben entenderse en términos de sometimiento político, sino en términos de naturaleza.
  • Su estatus social inferior es una exigencia física, lo que no significa que se las oprima o se las prive de un poder legítimo.
  • La sociedad restituye a las mujeres a una posición específica de la cual la Revolución le había despojado sin consideración alguna.
  • El Código Civil Napoleónico (1804), tendrá una gran influencia en toda Europa. Consagrará la dependencia de las mujeres.
  • Mujer y Esposa, quedará sometida a vínculos de dependencia respecto al padre, al marido e incluso a la familia. Solo las viudas y las solteras escaparán a este destino de dependencia.
  • Ser Mujer es un destino personal y social cuyo fin es la Maternidad.

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