Los puentes antiguos de Bilbao

Bilbao a mediados del XIX. Grabado de P. Skelton.

Bilbao a mediados del XIX. Grabado de P. Skelton.

Bilbao es una ciudad que mira al mar y lo hace porque está atravesada por un cauce fluvial que le confiere una personalidad muy especial.

La ría de Bilbao ha sido testigo mudo del devenir histórico de una villa lanzada siempre hacia el futuro, hacia el horizonte físico que la saca fuera de sus estrechos límites geográficos y hacia el horizonte metafórico que sus habitantes han buscado de manera permanente.

Sólo ahora, en el siglo XXI, la ría se encuentra tranquila, con pocos caminantes que navegan entre sus aguas, gentes con ganas de conocer y de divertirse… pero esta situación es realmente extraordinaria y única en la historia de la ría de Bilbao.

Sus aguas han vivido con el constante movimiento que le ha impuesto la voluntad y actividad humana. Astilleros, Barcos, Cargaderos de Mineral, Sirgueras, Cargueros, Desembarco y embarco de mercancías… Industria…. Minería… Comercio… ha sido sinónimo de la ría de Bilbao.

Precisamente la ría ha obligado a la villa bilbaína y a la antigua república de Abando a invertir una significativa cantidad de recursos económicos y humanos para poder atravesarla… para superar los límites físicos que el cauce fluvial impone al convertirse en una frontera natural. Únicamente resultaba franqueable por transporte marítimo o mediante obras de ingeniería para la construcción de puentes.

A partir del siglo XIX, la construcción de puentes fue una prioridad y un reto tanto para el Ayuntamiento de Bilbao como para el de Abando. Sin embargo, entre aguaduchos y guerras, los puentes de ese Bilbao antiguo dejaron de existir.

Así la historia de los puentes de Bilbao nos devuelve la imagen de la historia de Bilbao.

El Ayuntamiento de Bilbao emprendió la construcción de distintos puentes, primero de madera, luego de barcas o flotantes y por último de cadenas, situados frente al convento de San Francisco, luego frente a la calle Santa María, y por último, frente a la calle Barrencalle Barrena. Estos puentes tuvieron una corta vida debida tanto a las inclemencias meteorológicas, y las consiguientes inundaciones que sufrió la villa, como a los  conflictos bélicos. 

Puente de San Antón

El único puente que existió en Bilbao hasta prácticamente el siglo XIX fue el puente de San Antón… Fue la arteria principal y única que cruzaba la ría desde la edad media. El puente viejo, que se situaba al otro lado de la iglesia de San Antón, era de origen medieval y había tenido que ser reconstruido en varios momentos debido a su estado de deterioro y a las constantes riadas que lo destrozaban. En 1870 el ayuntamiento bilbaíno solicita autorización al Ministro de Fomento para construir un nuevo puente y demoler el existente, y en 1872 se inicia la construcción del nuevo puente según el proyecto del ingeniero municipal Ernesto Hoffmeyer. El nuevo puente se construyó en el lado de la iglesia de San Antón donde hoy lo conocemos, lo que llevó al ayuntamiento a demoler el antiguo una vez terminada la construcción del nuevo. Si la construcción del nuevo finalizó en 1878 la demolición del antiguo hubo de esperar hasta el año 1882. Las obras de demolición se llevaron a cabo con el triste balance de siete trabajadores fallecidos y múltiples heridos como consecuencia de un accidente.

El Puente de San Francisco

Se inauguró en 1881 bajo el proyecto de puente de hierro presentado por el ingeniero Pablo de Alzola. Este puente vino a sustituir al puente colgante de San Francisco que existía con anterioridad y que también había quedado muy deteriorado durante el asedio carlista en 1874.

José Orueta en su libro “Memorias de un bilbaíno.1870-1900” nos habla de los puentes colgantes de Bilbao.

“No hay en el mundo puente colgantes más elegantes que el de Bilbao.

Decía la canción, pero era de bastante inexactitud entonces ya, porque en mi tiempo había en Bilbao dos puentes colgantes: el de San Francisco, donde hoy está el de hierro, y el de la Naja, entre el de la Merced, que entonces era una pasarela de madera, y el del Arenal.

Los dos eran a cual más elegantes y airosos, y muy especialmente el de la Naja.

Hubo muy buen sentido al hacerlos, pues en aquella parte de la ría, los aguaduchos o riadas, por ser sitio estrecho, se llevaban por delante todos los pilares imaginables, como le pasaba al de la Merced.

Pero si la obra de ingeniería era buena, la decorativa y artística era más feliz todavía. Tenían pilares de apoyo para los cables en las dos orillas, unidos por arcos, y más altos en el lado de Abando, y éstos estaban decorados con armas y escudos en colores, de muy buen efecto, sobre la piedra sillar de Motrico, de que estaban hechos.

Se cimbreaban graciosamente con el ritmo del paso de los peatones, para quienes era solamente; y en el de San Francisco, cuando pasaban por él y hacia el cuartel las tropas, que aun al paso de camino eran un esfuerzo para el puente, era una delicia para los chicos disfrutar del zarandeo.

El piso de tablas, flexible, se ondulaba de una lado al otro en el largo, y se veía la onda pasar de un pilar al de enfrente.

Dos bombas carlistas, en 1874, cayendo sobre sus cables y tableros, acabaron con ellos, y ya no se reconstruyeron más, sin duda por necesitarse ya de paso rodado y piso más sólido.” 

 

El Puente de La Merced

Se reconstruyó en el lugar que había ocupado el puente de madera hasta su derrumbe en 1874. El proyecto fue del ingeniero Ernesto Hoffmeyer, existiendo planos trazados por el arquitecto municipal de Bilbao Francisco de Orueta. Las obras se subastaron en el año 1883 quedando interrumpidas en 1885 como consecuencia de una crecida de agua que provocó el hundimiento de parte del mismo al chocar contra él algunas embarcaciones. El puente fue inaugurado en 1887.

Puente de los Fueros

Por su parte, el Ayuntamiento de Abando, harto de que sus convecinos tuvieran que pagar los correspondientes impuestos por cruzar la ría hacia la villa de Bilbao, decide construir un puente de su titularidad. Trata de unir su término municipal, a la altura de la Estación del Norte, junto a la Naja, con la villa bilbaína por la calle de Santa María. El proyecto contó con la aprobación de la Diputación Foral de Bizkaia. Se encargó de formular el mismo el arquitecto Sabino Goicoechea. Este puente fue conocido como el “Puente de los Fueros”.

Puente de los Fueros destruido en 1874

Puente de los Fueros destruido en 1874

Su construcción fue un hecho en 1869, justo un año antes de la primera anexión (parcial) de esta anteiglesia a la villa bilbaína, a pesar de la oposición clara y contundente del Ayuntamiento de Bilbao, quien veía en esta construcción un grave perjuicio para sus intereses económicos, al poder evitarse el pago de los derechos de paso por el puente de Isabel II de aquellas personas y comerciantes que venían de la estación del Norte. Al mismo tiempo que suponía ceder una parte del control de las vías de comunicación a favor de la anteiglesia rival.

En 1874, durante la guerra carlista, quedó demolido y no se volvió a reconstruir.

Puente de Isabel II

Entre los años 1845-1848 el Ayuntamiento de Bilbao apuesta por la construcción de un nuevo puente. Se trata del puente de Isabel II. Los arquitectos municipales implicados en el proyecto fueron Antonio de Goicoechea y Hermenegildo de Belaunzarán. Además también estuvo implicado Baltasar Hernández[1], de la Dirección General de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, y el ingeniero Pedro Celestino Espinosa[2].

Se trataba de un puente levadizo para permitir el paso de los barcos.

Con la construcción de este puente el ayuntamiento bilbaíno conseguía varios objetivos. En primer lugar controlar la salida de Bilbao hacia Las Encartaciones, a través del ramal en construcción del camino que enlazaba con el de Balmaseda cuyas obras serán emprendidas por la corporación en 1846 tras la adquisición de terrenos en la anteiglesia de Abando.

En segundo lugar conquistaba el control sobre las actividades industriales que se estaban estableciendo en los muelles de Abando, principalmente en el de Ripa. Para ello construye las rampas que desde el puente facilitan el acceso de los carruajes y caballerías al muelle, al tiempo que el propio proyecto de puente contenía la instalación de las escalinatas que facilitaban el acceso peatonal a los mismos.

De igual manera conseguía fiscalizar el propio tráfico de peatones, de trabajadores y de mercancías desde la ribera abandotarra a la villa bilbaína,  al tiempo que obtenía beneficios económicos a través del pago de los derechos de pontazgo que debían satisfacer quienes pretendían cruzar la ría.

De hecho, con este nuevo punto de cruce de la ría la corporación bilbaína conseguía acceder a la anteiglesia de Abando, adentrándose en la misma, en la zona tan deseable y en franco crecimiento de la vega de Albia, con anterioridad a que la anexión de Abando a Bilbao fuera un hecho. Además, en un futuro no muy lejano, este puente se convertirá en una herramienta fundamental para vertebrar la villa bilbaína con la modernidad y el control de las nuevas actividades económicas que llevarán pareja la instalación de la estación del Norte.

El Jefe Político de Vizcaya, Manuel Navascués, se refiere a la significación que tiene este puente pronunciando las siguientes palabras:

“Hoy quedan borrados de hecho los angostos límites que nos ahogan y cree recobrar Bilbao los señalados por su ilustre fundador, más que nunca necesarios para la prosperidad actual de la villa y sin los cuáles no adquiriría jamás la importancia que le corresponde (…)”

Puente del Arenal

El Puente del Arenal. Sus obras se iniciaron en 1876 según el proyecto presentado por el ingeniero Adolfo de Ibarreta. Este puente venía a sustituir al anterior llamado de Isabel II y que había quedado inutilizado en 1874, durante la última guerra carlista. Las obras finalizaron en el año 1878. Este puente ya no era levadizo. La obra fue de enorme envergadura y el proceso de construcción largo. Quedaba incluida la construcción de las rampas y escalinatas de acceso. Hacia el año 1901 se iniciaron las obras de ampliación de la anchura de este puente para dar respuesta al aumento de tráfico rodado y peatonal.

Puente de San Agustín

El puente de San Agustín, así conocido por los terrenos que ocupaba junto al Ayuntamiento de Bilbao en terreno de lo que fue el antiguo convento de San Agustín ya desaparecido.

Será en el año 1892 en que una nueva vía de comunicación entre Bilbao y su nuevo barrio se abra. Se construyó gracias a la iniciativa privada del ingeniero Antonio Ruiz de Velasco quien obtuvó la licencia para su construcción un año antes de su inauguración.

Este nuevo paso sobre la ría conectaba el centro político de la capital bilbaína con el espacio portuario de los muelles de Abando, facilitando el acceso desde el mismo a la Aduana de Bilbao y al centro administrativo y político de la provincia al que se podía llegar desde la calle Buenos Aires.

Este puente fue también conocido como el puente Giratorio, porque uno de sus brazos giraba para dejar paso a los barcos. Entre la población en general se popularizo como el puente de Perro Chico, en alusión a la tasa que había que pagar para cruzarlo (pontazgo o peaje). Al ser una construcción privada, su explotación también fue de carácter privado. 

El Puente de Deusto

Se construyó entre 1931 y 1936, tras la anexión de la Anteiglesia de Deusto. Fue un proyecto de los ingenieros José Ortiz de Artiñano e Ignacio Rotaeche. Es un puente levadizo que cumplía las expectativas y las necesidades que imponía el constante tráfico marítimo de la ría.

 

Todos estos puentes quedaron destruidos durante la guerra civil española.

Todos estos puentes quedaron destruidos durante la última guerra carlista y/o la Guerra Civil española. Algunos de ellos se volvieron a reconstruir y otros, como el de San Agustín fue sustituido por un nuevo puente que ni tan siquiera ocupó la ubicación del derribado.

Fuentes:

ORUETA, José (1929); Memorias de un bilbaíno. 1870-1900.

SALAZAR ARECHALDE, José Ignacio (2003); La Ría de Bilbao en el siglo XIX. Tendiendo puentes, abriendo caminos. Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Bizkaia. Bilbao.

Fondos documentales del Archivo Histórico Municipal de Bilbao.

[1] Proyecto de puente de hierro fijo sobre pilas de sillería para el río Nervión a su paso por el Arenal de la villa de Bilbao, rubricado en Madrid en el año 1845, por Baltasar Hernández, ingeniero de la Dirección General de Caminos, Canales y Puertos. Aprobado por Real Orden de quince de abril de 1845 comunicada por el Jefe Político de la Provincia.

[2] Plano a escala de píes castellanos del proyecto de rampas de entrada al puente fijo de hierro sobre la ría de Bilbao, firmado por el ingeniero director de las obras del puente, Pedro Celestino Espinosa, en el año 1846, y aprobado por la Dirección General de Obras Públicas del Ayuntamiento de Bilbao.

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