La situación jurídica y legal de la Mujer en la España Contemporánea. Parte 4 (II)

Imagen de las mujeres cargando mineral de las minas colindantes en los cargaderos de Covarón, en Bizkaia, en 1883.

Mujeres españolas. El derecho al trabajo y el derecho laboral. Parte 2. 

La situación legal del trabajo femenino en España irá cambiando poco a poco. La real orden de 2 de septiembre de 1910, a la que hemos aludido en los derechos educativos, abría todas las profesiones a las mujeres, únicamente les imponía como condición la obtención previa de la titulación requerida. Los cambios también serán evidentes en el mundo del funcionariado. Pasaron de ser mujeres de la limpieza, guardesas de los urinarios públicos, sin plaza por derecho sino como viudas de empleados municipales, a quedar incluidas dentro del escalafón de empleados públicos en el Estatuto de los funcionarios públicos de 1918. Se reconocía el derecho de las mujeres a acceder a puestos laborales en la administración en las escalas de auxiliares y, en los demás escalafones cumpliendo las condiciones establecidas en los reglamentos propios de cada uno. Aun así, algunos campos todavía continuarían vetados para nuestras protagonistas, entre ellos la judicatura y las notarías.

Algunos de los convenios internacionales firmados por la OIT, fueron ratificados por España y adoptados con unos años de retraso, así se decretó la protección de la maternidad en 1923 y la igualdad de trato para hombres y mujeres en el caso de accidentes laborales (22 de febrero de 1929)

Imagen de mujeres en una fábrica de salazón en Bermeo en 1920.

Las cosas cambiaron en parte para las mujeres durante la república. La Constitución del 31 en varios de sus artículos recogió el derecho de las mujeres a trabajar y a percibir igual salario que sus compañeros varones. Los capítulos de interés a este respecto son el artículo 33 que declaraba que toda persona es libre para elegir profesión. El artículo 40 que establecía que todos los españoles sin distinción de sexo eran admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito y capacidad, salvo las incompatibilidades señaladas en las leyes. El artículo 46 que protegía el trabajo de todas las personas. También salvaguardaba a los trabajadores y a las trabajadoras. Reconocía su derecho a las vacaciones remuneradas, al pago de pensiones, seguros de enfermedad, de vejez, de invalidez y de muerte. Se reguló la jornada de trabajo, el salario mínimo y el salario familiar y la protección de la maternidad.

Imagen de las mujeres sardineras en Santurce a principios del siglo XX

También se legislaron trabajos vetados para las mujeres. Entre las causas de exclusión se situaba la edad, la nocturnidad. El descanso nocturno era obligatorio para las mujeres porque tenían que descansar como mínimo 12 horas entre cada jornada laboral incluyendo entre las 21 y 5 horas. Las horas nocturnas de descanso podían disminuir en los servicios sanitarios, servicios públicos de transportes y espectáculos públicos. Tampoco podían desempeñar trabajos insalubres.

Se establecieron normas prohibiendo el trabajo femenino en el caso de que el paro involuntario masculino fuese muy elevado, como sucedió en España a partir de 1932.

imagen del primer grupo auxiliar femenino de sanydad movilizado por el Gobierno de Euzkadi en 1936

El Seguro Obligatorio de Maternidad fue un compromiso social que se decretó el 26 de mayo de 1931.

La legislación republicana también fijó la igualdad de remuneración y se eliminaba la discriminación en el empleo y la ocupación. Estas medidas serían ratificadas en convenios posteriores en 1951 y 1958.

Durante el franquismo y, establecido en el Fuero del Trabajo de 9 de marzo de 1938, se prohibió el trabajo nocturno de las mujeres y los niños, se reguló el trabajo a domicilio y, se prohibió también el trabajo de la mujer casada en el taller y en la fábrica. Se indicaba en el mismo texto que se “liberaba” a la mujer casada. Se retornaba al modelo de domesticidad anterior.

Esta situación de aislamiento en el hogar de la mujer casada fue cambiando a medida que las necesidades de la economía así lo requerían. La Ley sobre los derechos políticos, profesionales y de trabajo de la mujer de julio de 1961 significó la legalización del trabajo de las mujeres casadas fuera del hogar. Los motivos de esta autorización probablemente son múltiples. En primer lugar el desarrollismo económico obligó a la contratación de mano de obra femenina para hacer frente a la demanda de capital humano. Por otro lado, es posible que la situación internacional y el acceso de la España franquista a los foros internacionales obligara al régimen a hacer concesiones a la modernización del país y, a la altura del año 1961, era posible encontrar a las mujeres de la Europa atlántica y occidental en el mercado de trabajo y con derechos civiles reconocidos. Lo que parece evidente es que la medida fue adoptada más por la necesidad que las condiciones internas del país y los condicionantes exógenos impusieron al régimen, que por el expreso deseo de los gobernantes de reconocer derechos fundamentales para las mujeres.

Imagen de mujeres en la Dinamita de Galdakao a principios del siglo XX.

La situación laboral de la mujer española irá mejorando a medida que se avance en la democracia. Sin embargo, siento la necesidad de volver a insistir. Cuando nos referimos a los años últimos de dictadura franquista y a los años de democracia posterior debemos evitar caer en la idea preconcebida de que estos son los años en que la mujer española se incorpora al mercado laboral. Pareciera que la trayectoria laboral de las mujeres es algo reciente y de nuevo cuño. Todavía tenemos que escuchar voces que se alzan desde distintos frentes para acusar de la baja natalidad y las tasas de fecundidad a la incorporación de la mujer al trabajo. Esto queda perfectamente desmentido cuando profundizamos en la lectura de obras de riguroso y elevado nivel científico que nos demuestran a las claras que la mujer ha trabajado siempre. No sólo en las tareas reproductivas domésticas sino fuera del hogar. La doble jornada laboral ya existía antes de definirla tal y como la entendemos actualmente, desde que la especialización económica y la segregación de los espacios productivos y reproductivos se puso en práctica con la industrialización[1].

 

[1] Nerea Aresti ha publicado un libro muy bonito sobre las trabajadoras vizcaínas entre fines del siglo XIX y principios del XX perfectamente ilustrado con fotografías.

ARESTI, N. Las mujeres trabajadoras vizcaínas (1870-1936). Temas vizcaínos. BBK. Bilbao. 2006. También resulta muy interesante leer la obra de ARRIAGA, Emiliano; Vuelos cortos de un chimbo. Ed. El Tilo. Bilbao. 1994. (1ª ed. 1894) En este texto el autor describe perfectamente algunos de los trabajos que las mujeres del siglo XIX realizaban en el Bilbao de la época.

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