La situación jurídica y legal de la Mujer en la España Contemporánea. Parte 4 (I)

Imagen de mujeres descargando carbón en la ría de Bilbao, en el muelle de Olaveaga, a principios del siglo XX

Mujeres españolas. El derecho al trabajo y el derecho laboral. Parte 1.

La mujer española no debía trabajar, al igual que no debían hacerlo las mujeres europeas. Sin embargo, la práctica diaria desmentía y dejaba en entredicho este ideal al que hemos hecho referencia. La perfecta casada, la mujer que debía dedicarse al trabajo reproductivo, biológico y social familiar, no podía obviar la necesidad de acceder a un trabajo para ayudar al salario de su marido en el mantenimiento económico de la familia. Así, es muy interesante estudiar el informe publicado por la Comisión de Reformas Sociales de España en 1884 sobre la situación del trabajo femenino en España.[1]

La falta de acceso de la mujer al mundo de la instrucción pública, en los estudios secundarios, está claramente determinada por su deber social de no trabajar. Sin embargo, las mujeres, salvo en el caso de las clases con altos recursos económicos, siempre han trabajado en el mercado laboral. Ciertamente existían posibilidades socialmente aceptables para que la mujer ejerciera un trabajo.

Imagen de las telefonistas trabajando en Bilbao a principios del siglo XX

Así, por ejemplo, había trabajos que se consideraban propios de mujeres, tales como maestra, matrona, enfermera, todos ellos se entendían como una prolongación de sus aptitudes naturales en el ámbito familiar. De esta forma existieron desde el siglo XIX las escuelas de maestras, los estudios de matronas y los estudios de enfermería. Es necesario dejar patente que la sociedad no comprendía estos trabajos como una profesión sino más bien como vocacionales. A medida que vaya avanzando el siglo XX nuevas profesiones se abrirán a las mujeres destacando la secretaria, la mecanografía, la taquigrafía y las centralitas telefónicas. Estos fueron considerados trabajos propiamente femeninos porque se entendía que las mujeres eran sumisas y con una capacidad innata para realizar trabajos monótonos y rutinarios. Además las actividades propias de la secretaría como escribir a máquina se entendían que eran muy propias para las manos de sus mujeres, se asimilaban con tocar el piano.

Pero la realidad es que pocas mujeres de las que tuvieron que trabajar pudieron acceder a los estudios necesarios que podían capacitarlas para trabajar en ellos.

Imagen de las añas en la plaza Elíptica de Bilbao a principios del siglo XX

También las mujeres, esta vez de las clases más desfavorecidas económicamente, lo que suponía la mayoría de la población española, tuvieron que trabajar. Sus trabajos fueron subcualificados o de escasa cualificación, trabajaron en las industrias textiles, en las fábricas de conservas, en los talleres de hojalatería, en las minas, en las fábricas de tabacos, en la carga y descarga de buques, entre otros. Todos trabajos insalubres, con eternas jornadas laborales y con escaso tiempo para ocuparse de sus obligaciones familiares.

Lógicamente la mano de obra de las mujeres casadas fue la menos abundante, con respecto al resto de los estados civiles. Así resultaba lógico y aceptable que una mujer soltera trabajase, su objetivo podía ser doble, ayudar al hogar paterno con su escaso salario y acumular dote para contraer un matrimonio lo más digno posible. En el caso de las mujeres viudas con cargas familiares, la desprotección absoluta en que quedaban tras el fallecimiento del marido les obligaba a trabajar para sacar económicamente el hogar.

Imagen de las mujeres que trabajaban desmenuzando el mineral en las minas de Covarón, en Bizkaia, en 1900

Mención aparte merecen las trabajadoras asalariadas domésticas y las prostitutas. Las primeras por la invisibilidad de su trabajo y la situación deplorable en que lo ejercieron y lo continúan ejerciendo. Las segundas porque fueron objeto de legislaciones y reglamentaciones llamadas de “higiene especial”.

Las primeras leyes que se aprobaron para legislar el mundo laboral español se enmarcaron en la protección de la situación que vivían las mujeres y los niños. En realidad, la preocupación con respecto a los niños y niñas se situaba en la necesidad de proteger a la infancia de las condiciones impuestas por el capitalismo sin injerencias legales. En lo que respecta a la mujer, se la protege como una menor de edad, y se la salvaguarda no tanto por ella misma como ciudadana, sino como amparo de la maternidad y de la fecundidad.

La realidad es que se vivían tasas de fecundidad hasta ese momento desconocidas, lo que ha venido en llamarse la transición demográfica se estaba imponiendo en España. La preocupación se situaba, por un lado, en evitar el descenso de las tasas de natalidad y, por otro, en el amejoramiento de la especie, potenciada desde los sectores de la medicina social.

Imagen de las lavanderas llevando la colada en Bilbao a principios del siglo XX

Así la primera ley laboral que se estableció en España se aprobó por las Cortes españolas y fue sancionada por el rey el 13 de marzo de 1910 su objetivo fue legislar el trabajo de las mujeres y de los niños. Después de esta vendrán otras muchas.    

  • Varias de las siguientes legislaciones pretendieron proteger a la mujer trabajadora en su calidad de madre. Así, entre estas normas cuyo objetivo fundamental fue la protección de la maternidad encontramos la Ley de 8 de enero de 1907, aprobada a propuesta del Instituto de Reformas Sociales. En ella se ampliaba el periodo de descanso de la mujer después del parto y se concebía la posibilidad de conceder vacaciones remuneradas a partir del octavo mes de embarazo. El pago de las vacaciones se llevaría a cabo mediante la creación de una caja de asistencia para ello.
  • El real decreto- Ley de 21 de agosto de 1923 amplió el descanso obligatorio a 6 semanas antes y después del parto y reconoció el derecho al subsidio de maternidad después del parto. Desde esta ley quedaban amparadas tanto las mujeres trabajadoras en tanto madres fueran casadas o solteras.
  • El real decreto- Ley de 22 de marzo de 1929. Fue aprobada por el Ministerio de Trabajo y Previsión. En Ella se establecía el seguro de maternidad, quedando todas las obreras sujetas al régimen obligatorio del retiro obrero entre los 16 y 50 años de edad.

Imagen de las kalderapekos o aguadoras de Bizkaia a principios del siglo XX

A partir de este momento lo principal será asegurar a la mujer trabajadora en su calidad de madre. De hecho esto es manifiestamente claro al estudiar los montepíos de la mujer que trabaja y los montepíos del hombre que trabaja. El análisis de los textos por sí mismos es ya suficientemente revelador, sin embargo, el estudio comparado de los mismos nos muestran claramente el sustrato ideológico diferente del que se nutren y que subyace en su formulación.

Otras medidas legales que se adoptaron para proteger a las mujeres fueron:

  • La ley de marzo de 1900 estableció el descanso semanal en domingos y festivos para las obreras.
  • El real decreto de 26 de junio de 1902 determinó la jornada laboral para la obrera en la misma duración que para los hombres, 11 horas como máximo.
  • El 25 de enero de 1908 se clasificaron algunas industrias como insalubres para el trabajo de los niños de ambos sexos menores de 16 años y de las mujeres menores de edad.
  • La ley de 11 de julio de 1912 prohibió el trabajo nocturno para las mujeres.
  • La ley de la Silla de 17 de febrero de 1912 estableció la obligatoriedad de proporcionar asientos a las mujeres empleadas en tiendas y almacenes.
  • El real decreto de 23 abril de 1919 y el real decreto de 25 de enero de 1920 redujeron la jornada laboral a 8 horas, en este caso para hombres y mujeres.

Imagen de las mujeres en el taller de hojalateria de Altos Hornos de Vizcaya a principios del siglo XX

[1] El informe es muy revelador y descubre que las mujeres trabajan en todo tipo de industrias en España. Lo primero que se pregunta es si la mujer trabaja fuera de casa y en que condiciones lo hace; la respuesta es que sí. También descubre que cuando las mujeres buscan trabajo fuera del hogar lo hacen por necesidad. Hace una relación de los trabajos que las mujeres realizan y los salarios que reciben por ello. Se descubre claramente que las mujeres realizan los mismos trabajos que los hombres y que perciben por ello un salario inferior en un 50% de media.

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