El Antiguo Paseo de los Caños de Bilbao

El Paseo de los Caños en Bilbao

El Paseo de los Caños en Bilbao

El paseo de los Caños era un lugar de esparcimiento natural para los vecinos de la villa de Bilbao. Partiendo de Miraflores (La Peña) y situado en la margen derecha de la ría, se prolongaba entre la propia ría y la carretera y vía férrea que desde Bilbao conducía a Durango, desembocando en Achuri. Desde él se asistía al espectáculo que ofrecían los montes que lo custodiaban, en la margen izquierda el de Miraflores y en la derecha el del Morro, hollados por las explotaciones mineras, atravesados de tranvías aéreos, vagonetas de carga para el mineral de hierro, cargaderos de éste en los muelles de la ría.

Debe su nombre los caños instalados en su subsuelo que conducían el agua del río Ibaizabal desde el Pontón hasta la alberca de la villa de Bilbao, que estuvo situada entre la plaza de los Santos Juanes y la calle Ronda. La alberca permitía canalizar las aguas para uso público y de los vecinos y vecinas de Bilbao.

Este paseo estuvo intransitable durante gran parte del siglo XX, siendo recuperado por el Ayuntamiento de la capital bilbaína para el esparcimiento de sus ciudadanos en los últimos años.

El Paseo de los Caños en Bilbao

El Paseo de los Caños en Bilbao

En este artículo queremos mostraros lo que del paseo de los Caños nos contó José Orueta en su obra Memorias de un bilbaíno.1870-1900.

            “…era una preciosidad. Hasta hace poco, han vivido espléndidas las hayas del paseo de los Druidas famoso; y debajo de él se paseaba por el enlosado que cubría el canal de las aguas potables de Uzcorta, que entonces abastecía la villa. En una losa estaba grabado el pie del ángel que pisó allí dejando una huella menudita (…) más allá, había otra grande y deforme, que era el pie del diablo. Por debajo, hacía la ría, chopos y césped y los puestos salientes de anguleros.

            Más adelante, La Isla, con una gran presa y un molino blanco y llena de hierba y chopos, y chopos y hierba en las orillas todas, y campos verdes y deliciosos, hasta El Pontón, donde estaba la fábrica de harina y la de papel de La Peña.

            No había aún allí rastro de minería, aunque El Morro, que dominaba toda la zona, ya era rojo y la presentía; y tanto desde Miraflores como desde toda la orilla de un lado y otro, no s veían sino paisajes frescos y verdes y un río limpio y cristalino, deslizándose entre ellos.

            ¡Quién te ha visto y quién te ve, Nervión de mis primeros años! Y ¡Qué pena da el que las minas no se hayan limitado a Somorrostro!”

 

El Paseo de los Caños en Bilbao

El Paseo de los Caños en Bilbao

Por su parte, el chimbo Emiliano de Arriaga, en su obra Vuelos Cortos de un Chimbo, nos ilustra sobre la “leyenda del Pie del Diablo y del Pie del Angel” que existía sobre el paseo, más concretamente sobre las supuestas huellas que se veían en una de las piedras que había en él:

             “¡Eran las huellas grabadas por el pie del ángel y por el pie del diablo, tal como lo explica la tradición popular!

            En un barrio de Bilbao La Vieja, de cuyo nombre no había ni hay para que acordarse, existió una familia honrada; y en verdad que se necesitaba gran fortaleza para serlo, en aquel medio ambiente de putrefacción moral y material en que vivía.

            Ocupaba mísero tugurio matrimonio desdichado y pobre, con una hija de singular hermosura, que a la sazón contaba dieciocho primaveras, floridas con sus dieciocho abriles.

            Mas la insidiosa perfidia con que era acechada la niña por todo lo más hediondo e aquel inmenso cubil, llegó a mellar su constitución harto ya debilitada por todo linaje de sufrimientos del alma…

            Esta sin cesar pugnaba porque Dios la llevase a su seno sacándola gloriosamente de aquel antro, do toda iniquidad tuvo su asiento, ya que la absoluta carencia de recursos no permitía a tan desgraciadas gentes abandonar el infame trabuco en que se guarecían.

            Languidez alarmante dominaba aquel delicado ser, con tanta intensidad cuanto mayor era el empeño con que los sitiaba un enjambre de sátiros borrachones y camorristas, que a diario cometían no flojos desaguisados en el pueblo.

            El mismo diablo con su rabo y todo andaba mezclado entre ellos y, con su infernal astucia, urdía emboscadas, de las que sacó siempre triunfante a la doncella su ángel protector.

            Llegó por fin el término de sus angustias y cristianamente reconciliada con un ministro del Señor, se disponía a dejar este mundo de miserias…

            Su ángel tutelar bajó radiante a recibirla en brazos y con su preciosa carga, dio un gran salto para salvar la ría, posando el pie en la orilla opuesta al apoyarse para tomar breada y remontar su vuelo a Miraflores, desde donde había de emprender la Ascensión con la pura e inocente criatura, que así era llamada en vida, quizá por presentimiento divino.

            Bueno, pues, el pie del ángel protector quedó estampado por la ligera presión que hiciera al tocar en una de las losas del ameno paseo de Los Caños.

            Y el execrable Luzbel, que no daba su rabo a torcer, se propuso arrebatar aquella alma bendita de los brazos del querube.

            Salió, pues, de su escondrijo, y con el mayor descaro, sin percatarse de sus corneriles y rabilargos atributos, se dio a echar zancadas tras del ángel y al dar éste el salto para cruzar la ría, dio también el primero una horrible zapateta, cayendo a unos diez pasos detrás del mismo enlosado, y dejando allí un surco producido por la violencia del choque y la chamusquina de su pataza, pues si le concedimos rabo, había que atribuirle también sus correspondientes patas, para que de vez en cuando pudiera meter siquiera una de las dos (…).”.

El Paseo de los Caños en Bilbao

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